Esta exposición se sostiene en un solo gesto: la mirada. Gaby Haro reúne óleo y acuarela para pintar unas Madonnas cuya dulzura, más que adornar, interroga.

Sus ojos entreabiertos dejan pasar una espiritualidad hecha de presencia, no de dogma; un aspectus amable que acoge al espectador y le devuelve su propio asombro.

Es una bella exposición que invita a conocer la sensibilidad, pasión y amplia experiencia de Gaby Haro. Cada obra religiosa nos transmite una belleza muy especial.

El rostro de Cristo funciona como umbral -no impone, escucha— y, a su lado, las vírgenes despliegan un saber antiguo: el de mirar como quien cuida. En ellas, la espiritualidad se vuelve instante en que la vista se hace caricia y pensamiento.

Si toda espiritualidad comienza en el acto de sostener la mirada, entonces estas Madonnas no nos piden fe, sino responsabilidad: ver sin capturar, amar sin poseer. Porque el rostro del otro nos constituye, y aquí la mirada nos desarma ante tanta ternura.

Finalmente, esta exposición es un homenaje a la mujer: honra esa mirada que devuelve la espiritualidad al cuerpo, al tiempo compartido y a la posibilidad de ser.

La invitación a conocer esta colección de bellas pinturas religiosas está abierta al público en general en el Callejón de San Francisco.

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